Envidio el camino de tus lágrimas furtivas,
nacer en esos ojos, tocar esas mejillas y morir dulcemente en tu boca.
Envidio el viento indiferente que se forma en las esquinas,
abraza tu cuerpo totalmente y logra frenarte, aunque lo esquivas.
Envidio las palabras que repites,
atraviesan tu garganta y conocen cada resquicio de tus labios.
Envidio las palabras que escuchas,
no se como, exactamente de que manera, entran en tus oídos y explotan en tu corazón.
Me envidio a mi mismo hace muchos años,
cuando apenas nos conocíamos y el destino podía ser cambiado solo con quererlo.
Me envidio a mi mismo hace pocos años,
cuando no nos veíamos y la soledad era una palabra sin sustancia.
Envidio a los muertos porque no te necesitan.
Envidio al resto de los vivos porque no te sueñan.
Te envidio a vos misma porque no te extrañas.
Pero lo que más envidio es a mi propio cuerpo,
por la pasión que demuestra al amarte.
por la pasión que demuestra al amarte.
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"Susurrando gritos destemplados" - ® Daniel Eduardo Alonso (Abril-2014)
"Susurrando gritos destemplados" - ® Daniel Eduardo Alonso (Abril-2014)
A veces uno mira su propio cuerpo como un extraño, como algo que está separado, observable desde otra mirada.
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