Dicen que se sabe,
no sé muy bien cómo,
que la memoria es limitada.
Existe un máximo de cosas posibles
que pueden ser recordadas.
Una finitud establecida
en nuestras evocaciones.
Eso será con la mente,
pero mi alma es infinita.
Con mi alma no tengo límites
para recordar.
Puedo recordarte a vos.
Recuerdo aquel amancer abrazado a tu sombra
y besando tu huella en la almohada.
Recuerdo mi sonrisa en el espejo de tus ojos,
aumentada como si tus lágrimas fueran un espejo
distorsionador de una tarde con neblina.
Recuerdo tus palabras disparadas,
ráfagas intermitentes contra mi corazón desnudo,
sin chaleco blindado.
Recuerdo el sol resplandeciendo a medianoche,
abrazandonos ardiente en medio de la cama,
cuando todo el mundo dormía, indiferente.
Recuerdo el olor de la duda,
como se olfatea la desconfianza,
ese perfume a tierra seca y dura
atravezando aromas de hierba mojada.
Recuerdo tu boca
¿como no recordarla?
si solo saber que voy a empezar a rememorarla
me hace llorar y temblar asustado de saber,
que ya nunca volveré a besarla.
Ah, conocimiento limitado,
emociones y alma sin límites.
Entonces será imprescindible,
para trascender,
el recordar y aprender
con el alma y no con la mente.
Será la única forma de entender
al universo y el tiempo,
infinitos como infinito es
lo percibido por mi espíritu.
Ahora sé, estoy seguro por fin,
que jamás podré olvidarte.
Ya que no use mi tosca y limitada mente,
entendí que aposté mi alma
para recordarte.
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"Susurrando gritos desesperados" - ® Daniel Eduardo Alonso (2013)