Mientras va al encuentro de él
un desconocido la piropea,
ella se pone contenta, ha sido aprobada.
Él le abre la puerta,
ya que ella, parece que no puede hacerlo sola.
Él se hace cargo de la cuenta,
ya que ella no debe saber procurarse sustento.
El le da la mano a bajar,
ya que ella no es hábil con su cuerpo.
Él le deja el lado de la pared,
ya que a ella, pobre, se la debe proteger.
Él la deja pasar primero
y, por un instante, es su fiero guardaespaldas carcelero.
Él le acerca la silla
dado que es evidente su absoluta inutilidad.
El se cree galante,
ella se considera mimada.
Él es el macho dominante,
ella es la hembra humillada.
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"Susurrando gritos destemplados" - ® Daniel Eduardo Alonso (Junio-2014)
"Susurrando gritos destemplados" - ® Daniel Eduardo Alonso (Junio-2014)