Mi casa se ríe,
escucho claramente
sus sonoras carcajadas.
No sé si tiene cosquillas
no me parecen las risas, demasiadas.
La cafetera la censura con un silbido
y la heladera tose,
como indicando que es un caso perdido.
Los muebles, más tímidos,
me preguntan que sucede
y yo les contesto
que solo está feliz, no lo hace adrede.
En el barrio las otras casas
lo comentan, reprobándolo,
creen que las casas no deben estar ni alegres ni enfadadas.
Mi madre me llama insistentemente, preocupada,
"un hombre cabal
no habita locas casas",
me exige que debe ser silenciada.
Y yo, en verdad, no entiendo tanto alboroto.
Es solo una casa alegre,
¿Tanto problema, tanta extrañeza?
Pero parece que en mi barrio
lo único normal es la tristeza.
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"Susurrando gritos destemplados" - ® Daniel Eduardo Alonso (Junio-2014)