Una mujer enorme,
desnuda,
desnuda en la arena.
Una mujer gigante
de treinta metros.
Una gigante
de treinta metros
acostada en la arena
con las pierna abiertas,
expectante,
esperando.
Yo estoy en lo alto
sobre ella en un puente
o una estructura
o una grúa,
no sé,
en lo alto.
Atado a una cuerda elástica,
estoy desnudo
y desde mi atalaya
me tiro sobre ella.
La penetro con mi cuerpo,
entro
y siento como tiembla.
Como me comprime el cuerpo
con las paredes de la vagina
como intenta retenerme
mientras la humedad
de su sexo
le impide hacerlo.
Soy atraído,
retraído,
expulsado
por el elástico,
pero vuelvo a penetrarla.
Vuelvo a estar adentro de ella,
vuelvo a ser presionado,
apretado,
deseado,
contenido
y vuelvo a salir.
Cuando estoy en el aire
puedo escuchar gemir y gritar a mi mujer gigante
y avanzar a su interior,
cada vez intento llegar más adentro
hasta que se acabe la energía de la soga.
Hacerte el amor
con todo mi cuerpo,
volver al origen,
ser tuyo,
que todo mi ser
tenga tu amor realizado.
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