085. FRÁGIL COMO EL DIAMANTE


Noche de cristales hechos astillas,
vecinos que parecían amables, desaforados,
ganan la calle matando un cielo de estrellas amarillas.
“Queremos al abominable judío exterminado”.

Piedras destrozando en miles de pedazos los cristales.
Metáfora evidente.
Luz y transparencia destrozadas por ignorantes animales.

Luego vino la eterna noche sin lunas,
el reinado de la muerte, la angustia y la bruma.

Y buscar un pedazo de tierra ancestral para descansar los huesos,
buscar el solar de los padres para restaurar el alma,
buscar el valor necesario para el último de los regresos. 

Algo ha cambiado,
el judío ha aprendido,
ya no será la víctima desarmada,
ya no puede confiar en su vecino 
o solo en su dios y el libro sagrado.

Son misiles y no piedras los que buscan hoy otras ventanas,
ya no encuentran la fragilidad del cristal
y la ingenuidad de creerlo trivial fue quedando lejana.

Ha muerto esa imagen temerosa
o la confianza en que la razón prevalecerá.
Ya no habrá resistencias silenciosas.

Ahora encuentran la fortaleza del diamante,
no puede haber más diásporas ni exilios,
ni mas cristales rotos, con sangre brillante.

Contra todo y contra todos...

Y hasta contrariando a Jehová, si hiciera falta,
un pueblo se pone de pie y defiende su verdad.
Un pueblo vuelve a su patria y su origen exalta,
un pueblo mantiene la cabeza erguida y su dignidad.

Metáfora obligada.
En brillante, eterno y duro diamante se ha vuelto
lo que antes era cristal y, con cobardes piedras, disuelto.

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