Te leo como un libro, le dije,
y me quedé pensando.
¿te leo como un libro?
¿Qué significa?
Ciertamente, sé tu título y tu autor,
sospecho tu fecha de impresión
y supongo que tu código se podrá consultar en algún lado.
¿y que mas?
¿qué otra información como lector tengo?
Tal vez, alguna madrugada errada
entre los fantasmas del alcohol,
una historia olvidada
entre párrafos escritos,
habrá sido recordada.
Te leo como un libro, le dije.
Sin pensar, sin imaginar, sin entender
como es que leo libros yo realmente.
Ella, como todas, no tiene índice,
solo renglones, oraciones que se descubren
sin significado aparente.
Como cuando quedé asombrado
de poder leer tus gestos, tus ojos
y note que me había gustado.
Te leo como un libro, le dije,
desde entonces intenté hojear
y descubrir mensajes ocultos,
verbos imposibles, adjetivos cifrados.
¿Cuántas páginas debo leer para entenderte?
¿Cuántas aclaraciones, referencias, citas obligadas?
Recordé aquella noche en un bar
cuando frunciste, divertida, el entrecejo.
¿Debí buscar la nota al pie de página que me lo aclarará?
Te leo como un libro, le dije
¡qué imbécil! ¿cómo pude ser tan ciego?
Ella no debe ser leída.
No interesa que metáforas, paráfrasis o hipérboles
le dejaron grabas en la piel, estos años
las plumas torpes de otros amores.
Yo no quiero leerte ni creerme autor de tus páginas,
quiero que tomemos la pluma
y lleguemos a la primera hoja en haya quedado en blanco.
Quiero que juntos, voy y yo,
no leamos nada,
solo escribamos.
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