Tengo miedo
(te informo)
de despertar algún día y encontrar
las manos en mis piernas,
mi cara en mi espalda,
mi boca cerca de mis pies,
mis orejas perdidas para siempre,
no poder reconocer ninguna parte de mi ser.
Es que vos, mi amor,
reconfiguras mi cuerpo, revolves mi alma.
Me mareo en los sentimientos,
me deshago en tu ternura,
me derrito en tu cuerpo.
Me pierdo en tus pensamientos
y no sé si todas las noches,
mientras duermo,
mi mente podrá recordar
el mapa exacto de mi cuerpo.
Y así poder volver con todo en su lugar
en la mañana temprano.
O peor, (y ese es mi mayor miedo)
mi cerebro tenga al mapa,
pero lo ignore,
ya que la noche siguiente, inevitablemente,
vas a volver a revolverlo todo:
mis sentimientos, sentidos y sensaciones.
Y al ver lo inútil de la tarea,
mi ser puede darse por vencido, decidir no hacer nada.
Entonces mi mente renunciaría a su tarea reconstructiva,
y quedaré como un entrevero de órganos,
un revoltijo de partes de cuerpo mezcladas
sin utilidad alguna.
Igual sé
(y es importante que vos lo sepas)
que en ese rejunte de carne humana
estará latiendo fuertemente
mi corazón en el lugar correcto.
Que en todo ese vendaval excitante,
lo único permanente siempre es él.
Por vos, solo por eso,
mi corazón se aferra a permanecer en ese, su justo lugar.
Pensandolo bien, no me preocupo,
porque siempre estarás vos para ayudarme.
Vas a rearmar todas mis partes en su lugar,
recordando perfectamente mi cuerpo.
Y si tu memoria visual no es suficiente,
tenes tu olfato, el gusto que te dejó mi humedad
y la memoria de tu tacto.
Y si los sentidos no alcanzan
recurrí a tu mejor mapa:
solo tenes que fijarte en tu propia piel
y llenar los espacios que fueron dejando,
en tu cuerpo,
las caricias de mi alma.
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