A veces las relaciones son como montañas,
uno va escalando, sufriendo, evitando aludes,
llega a la cima, la corona y se detiene a mirar el paisaje.
Y ahí se da cuenta, con mucho pesar
que triste es que todo el futuro será cuesta abajo.
A veces las relaciones son como las olas del mar,
relaciones furiosas que te pegan, te dan vuelta y casi te ahogan.
Luego una relativa calma, pero con el peligro latente,
y entonces, aunque la esperas, te sorprende otra ola
y vendrá otra ola, tan fuerte como la anterior y volver a empezar.
A veces las relaciones son oasis en el desierto,
viajes al sol desnudo, transpirando y jadeando,
noches frías y luminosas, que te hacen sentir totalmente solo,
buscando un acogedor oasis
y al encontrar agua, te quedas ahí, complacido, inmóvil.
Yo no tuve la brújula de lo nuestro
pero no pude dibujar el mapa de nuestra relación,
la alegría de llegar me hizo olvidar todas las guías de viajero,
nunca supe cual era la geografía exacta de nuestra pasión.
Yo solo pude sentir y alegrarme de sentir,
yo solo pude vivirla y alegrarme de tenerla.
Después queda la amargura de la pérdida,
mezclada con la dulzura del recuerdo.
Al tener algo sólido, al encontrar algo sincero,
uno deja de buscar, deja de llamar la atención,
deja de soñar y se dedica a estar y ser,
deja de imaginar y pasa a actuar.
Y sin embargo, todo termina.
Terrible, tal vez la mejor relación sea la que se está buscando,
tal vez lo mío sea la búsqueda eterna
y nunca sea, después de recorrer el mundo, realmente encontrarte.
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"Susurrando gritos destemplados" - ® Daniel Eduardo Alonso (Junio-2014)
Después de muchas relaciones fracasadas uno termina pensando que el secreto está en la búsqueda, en explorar sin llegar a ningún lado. Tal vez esté condenado a ser un eterno viajero.
ResponderEliminarUn explorador sin destino, sin norte, sin brújula. Una especie de perro que va olfateando las huellas dejadas en el camino.