Mi casa se ríe,
escucho claramente
sus sonoras carcajadas.
No sé si tiene cosquillas
no me parecen las risas, demasiadas.
La cafetera la censura con un silbido
y la heladera tose,
como indicando que es un caso perdido.
Los muebles, más tímidos,
me preguntan que sucede
y yo les contesto
que solo está feliz, no lo hace adrede.
En el barrio las otras casas
lo comentan, reprobándolo,
creen que las casas no deben estar ni alegres ni enfadadas.
Mi madre me llama insistentemente, preocupada,
"un hombre cabal
no habita locas casas",
me exige que debe ser silenciada.
Y yo, en verdad, no entiendo tanto alboroto.
Es solo una casa alegre,
¿Tanto problema, tanta extrañeza?
Pero parece que en mi barrio
lo único normal es la tristeza.
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"Susurrando gritos destemplados" - ® Daniel Eduardo Alonso (Junio-2014)
De noche, caminando, me gusta mucho caminar por Buenos Aires. Observo edificios y veo una casa con dos ventanas simétricas en el primer piso y solo una puerta en planta baja. Imposible no asociarla a una cara, pero en esta casa la forma del techo le daba un aspecto risueño. No saqué una foto, pero me quedó en la cabeza y escribí esto.
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