Desde tiempos inmemoriales,
la arena define la jornada,
no se trata de triunfos y vencidos,
se trata de ponerse a prueba
uno mismo,
toda competencia digna es solo contra uno,
el adversario es solo una excusa,
es parte del personal reto.
Desafiar todo,
arriesgar todo,
para obtener algo.
Y volver a arriesgar todo,
porque todo triunfo es solo un paso más.
Y salen todos a la arena,
queriendo ser el matador,
deseando no ser matado.
Porque si la suerte, caprichosa, desdeñosa,
no se presenta favorable,
entonces uno sabe que en esa tarde,
no será el matador, será el toro.
Pero existen diversas formas
de aceptar ser el toro,
están las formas cobardes, formas tristes,
y los que saben aceptarlo con naturalidad.
O la mejor de todas,
decidir ser el mejor toro,
el que derrotado y muerto,
merezca mas admiración
que el supuesto héroe de la jornada.
Ahí entran ellos,
con la rara soledad de los que toman riesgos,
la certeza de que se juegan su propio destino,
gladiadores, luchadores,
pero, en este caso, serán toros.
Ya solos los veintidós en el ruedo,
se miden,
tratar de anticipar la reacción del otro,
tratar de evitar perder,
porque no se pierde poco, cuando se apuesta todo.
Los relojes no existen, el cansancio se esfuma,
solo importa ganar, intentar vencer y no ser vencido.
La habilidad del oponente es aguardar,
los toros, los luchadores, son los que proponen,
no les parece digno esperar que el destino resuelva.
No es de hombres apostar una victoria,
no se espera la suerte de la moneda,
se la acuña a golpes hasta que un solo lado sea posible,
el lado del guerrero,
que hoy será el lado del toro.
Parece que el cielo
los quiere llevar al límite final.
Parece que después de las cornadas fallidas
y las heridas recibidas
todo terminará en doce pasos.
Pero,
de pronto, como rayo inesperado,
la estocada,
sentir que el acero atraviesa la carne,
que la sangre se escapa como la victoria,
que no será la final soñada.
La agonía te enfrenta,
te desnuda frente a vos mismo.
Solo hay tres posibles derrotas:
la mentirosa victoria del tramposo,
la despreciable renuncia del cobarde
o la indiferente traición del impasible.
Entonces esto no es derrota,
no hubo trampa, ni cobardía
mucho menos indiferencia,
se entrego todo.
Hoy no se llora.
Hoy nos tocó ser un digno toro.
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"Susurrando gritos destemplados" - ® Daniel Eduardo Alonso (Agosto-2014)
Todos los que amamos el fútbol tenemos finales o partidos perdidos que en su momento duelen. Pero perder bien, saber perder es algo que cada vez se valora menos. En un mundo exitista solo sirve ganar y el segundo es considerado el primero de los últimos.
ResponderEliminarDeberíamos revalorar que perder jugando bien tiene valor y belleza. Viendo quienes suelen tomar el poder político, quienes suelen ser grandes jefes de empresas, quienes suelen ser las figuras mas vistas en la televisión, etc. a veces no se entiende porque ganar parece tan atractivo, los perdedores parecen personas mas interesantes.