097. RAMÓN


Aeropuerto de Resistencia.
(la ciudad, no un aeropuerto que resiste).
Otro no-lugar, para no-esperar un no-viaje.
Se me acerca un lustrabotas,
cuarenta años, cuerpo vencido, brazos cansados.
La sombra del croquis de un hombre.
En su rutina, me ofrece lustrar los zapatos.
Dudo,
siempre dudo,
siempre he evitado que me lustren los zapatos,
me parece algo en contra de la dignidad humana,
ahí agachado, puliendo el calzado ajeno.
Me mira a los ojos,
percibo tristeza, necesidad,
rompo mi habitual negativa.
¿Cuánto es?
A voluntad me responde
(calculo unos veinte pesos)
y pongo el pie sobre el cajón.
Se llama Ramón,
y empezamos a hablar.
Tiene seis hijos
y está trabajando tarde de lustrabotas
para mantenerlos
(ya pienso en cincuenta pesos)
Tiene una esposa que lo ayuda
con un limosnero plan estatal,
y ella de noche estudia para mejorar.
(voy a dejarle setenta pesos)
Se llama Valeria, su hija mayor,
y quiere estudiar medicina.
(voy a dejarle ochenta pesos)
Me cuenta una vida
de alegrías y sin soles,
de esperanzas y tonos opacos,
ningún naranja, todos marrones.
Me habla de sus seis hijos,
cinco mujeres y el varón, el menor, el esperado
(voy a dejarle cien pesos).
Algún cínico pensará que Ramón miente, yo no.
Termina la lustrada.
Saco doscientos pesos y se los doy.
Se emociona, me da la mano y se va.
Tal vez sea la lustrada más cara de mi vida.
Después, más tarde,
sueño que hay equilibrio en el universo.
Mis pesos colaboran
para que Valeria estudie.
La hija de Ramón se recibe
y le salva la vida a alguien.
Me doy vuelta en la cama y sonrío,
que barata resultó la lustrada.

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"Susurrando gritos destemplados" - ® Daniel Eduardo Alonso (2014)

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