Lo fugaz de la simple flor
no es impedimento severo
y mediante continuo esmero
exhibe todo su color.
La frágil y tozuda abeja
vivirá efímeras semanas,
y aún así todas las mañanas
trabajará sin una queja.
Ni ser durables, ni preciosas
es el tan lamentable precio,
lo único que juzgo o aprecio,
para hacer bien todas las cosas.
No es la posible transcendencia
lo que se debe sopesar
a fin de saber y aceptar,
de nuestra labor, la excelencia.
Existe un gran orgullo interno,
un respeto por la faena,
que obligará a hacerla buena
como si todo fuese eterno.
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