Estas en mi cama,
desnuda, tranquila,
te abrazo, te siento, me sentís, nos fundimos en uno solo.
Jadeos, risas, besos, suspiros, ganas, muchas ganas,
se termina el juego final, ya no alcanza,
el calor que nos invade pide carne,
exige humedad, obliga a la pasión.
Y entonces, solo entonces, te penetro,
primero voy tanteando tu entrada mientras te sigo besando,
(no se por qué será, pero siempre empiezo como más a la izquierda)
tu humedad me guía, tus movimientos me acompañan.
Sé que éste paraíso es posible, las mejores sensaciones me envuelven,
entro, penetro, abro, ingreso, me uno, me integro, me adhiero.
Siento que las paredes de tu cueva, van desnudando mi alma,
van descubriendo mi miembro, un arpón aprisionando,
una lanza clavada, un sentimiento atronillado.
No hay, no puede haber, no hubo ni habrá mejor sensación que ésta,
llegar a vos desde mi, desembarcarte, tomarte, abordarte,
abarcarte, acariciarte por dentro como por fuera.
Empezar a movernos, despacio y fuertemente,
tierna y desaforadamente, con amor, con pasión, con ganas.
Somos más que una maquinaria perfecta,
(pobre metáfora mecánica)
esto es mucho más que física y química,
esto es mucho más que biología...
No, no te estoy penetrando con mi cuerpo.
No, no estoy penetrando tu cuerpo.
Son tus sentimientos los que me penetran,
arden al penetrarse nuestros corazones y
es tu alma la que enciende mi alma.
Y yo que pensaba que entrar,
ingresar, acceder, introducir, meter, coger,
atravezar, calar, implantar, impregnar, infiltrar, profundizar,
era el objetivo.
Y era fundirse,
era derretirse mutuamente,
la verdadera idea
- - - - - - - -
"Susurrando gritos desesperados" - ® Daniel Eduardo Alonso (Octubre-2013)