014. INSOMNIO


No puedo dormir,
ya no llueve, no sopla el viento
es peor,
estaba siendo arrullado por el estúpido y monótono ruido de la lluvia,
me obligaba a la posición fetal el amenazante silbido del viento.
Se fueron
y yo sigo despierto.

Me levanto,
recorro la casa,
abro los armarios,
tal vez en algún rincón esté escondido el sueño,
divertido, esperándome, burlándose de mi inútil búsqueda.

Pienso seriamente en vestirme y salir,
recorrer el barrio y buscarlo en algún rincón,
oculto, agazapado, silencioso...
Desecho la idea,
si lo encontrase me quedaría dormido lejos de casa.

Vuelvo a la cama,
me siento enfrente de ella y la observo.
La sábana está  arrugada solo de mi lado,
¿en el tuyo? la lejana e incomprensible monotonía del abandono.

Percibo el infinito vacío que dejó tu ausencia,
siento el frío de la almohada sin ninguna señal de tu cabeza.

Te fuiste,
te llevaste todo,
es absurdo, inevitable y triste,
el sueño no vendrá jamás,
también te lo llevaste.

(o más sensible que yo, decidió irse con vos)




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"Susurrando gritos destemplados" - ® Daniel Eduardo Alonso (Marzo-2014)


1 comentario:

  1. Las primeras semanas separado, no podía dormir. Empecé a reconocer el nuevo lugar, a entender (o tratar de entender) donde me encontraba o que era lo que tenía que hacer. El insomnio se volvió mi musa.

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